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Patrimonio Histórico de la Humanidad.
Reseña histórica

Colonia del Sacramento: su historia y sus tradiciones revelan testimonios de su legendario pasado.

Llamada " Manzana de la Discordia", motivo de sangrientas luchas entre las Coronas de Portugal y España, conserva una aureola romántica que le confiere un encanto único.

La Nova Colonia Do Sacramento fue fundada en los últimos días del mes de enero de 1680 por Don Manuel Lobo, Gobernador de Río de Janeiro, el cual había sido designado por el Príncipe Pedro II de Portugal, para crear un punto de defensa sobre la costa septentrional del Río de la Plata.

El 20 de enero Manuel Lobo desembarcó en la isla de San Gabriel tomándola como punto estratégico para la posesión de tierra firme. Así se coronaron las primeras construcciones de tierra y paja que allí se alzaron poniendo la Colonia bajo la advocación de Santísimo Sacramento.

El gobierno español asentado en Buenos Aires al mando de Don José de Garro, atacó esta fortaleza y tomó posesión de ella.

El 7 de mayo de 1681, por el " Tratado Provisional de Lisboa" Colonia vuelve a manos de los portugueses y desde 1705 a 1715, pertenece como "tierra de nadie", comandada en ese momento por el Gobernador de Buenos Aires, Alonso de Valdés Inclán.

El 6 de febrero de 1715, se firma el "Tratado de Utrecht", donde los españoles deben sacrificar sus intereses americanos por otros europeos que para ellos eran de mayor importancia.

El 4 de noviembre de ese mismo año, tomó posesión del gobierno Manuel Gómez Barboza hasta 1722.

Según un censo realizado el 16 de abril de 1718, la cantidad de habitantes era de mil cuarenta personas, incluidos negros esclavos e indios tupíes.

El 14 de marzo de 1722, toma el mando el Gobernador portugués Vasconcellos, quien será el responsable del desarrollo material, cultural y comercial de la Colonia.

En enero de 1730, se realiza la primera representación teatral en el territorio uruguayo, "Las Armas De La Hermosura" de Pedro Calderón de la Barca, en honor a la boda del Príncipe heredero don José de Portugal y la Infanta de Castilla dona Maria Anna Vittoria.

En 1735 la ciudad queda sitiada por las fuerzas españolas. El Gobernador Antonio Pedro de Vasconcellos levanta el sitio el 16 de septiembre de 1737. Durante este gobierno el puerto de Colonia - punto clave de entrada a Sudamérica- alcanza a albergar cincuenta navíos de diversas banderas, dedicados a introducir ilícitamente mercaderías hacia el Virreinato del Perú.
En 1756 estalla la " Guerra de los Siete Años", entre Portugal y España y en 1762, el General hispano Pedro de Cevallos ataca nuevamente a la Colonia. Días después, buques británicos bombardean la plaza, siendo rechazado el ataque y hundida la fragata "Lord Clive".

En el "Tratado de Paris" del 13 de enero de 1763, Colonia vuelve a manos portuguesas hasta que en 1777 Pedro de Cevallos, después de violentos combates se apodera y destruye la mayor parte de las fortificaciones allí levantadas.
El 1ro de octubre de ese mismo año, se firma el "Tratado de San Ildefonso", en el que Portugal reconoce definitivamente los derechos de España sobre toda esta región. El 5 de marzo de 1807 los ingleses se apoderan de la Colonia hasta fines de agosto. En este momento el "Ayudante Mayor Don José Artigas" (héroe nacional uruguayo) ejerce internacionalmente la comandancia hasta el 2 de febrero de 1811, fecha en que deja Colonia para adherirse a la Revolución de Mayo, acompañado por el Cura Párroco José Maria Enríquez de la Pena, y un grupo de patriotas colonienses.

En 1822 es incorporada al imperio brasileño volviendo al mando de los portugueses; hasta que en febrero de 1826 es nuevamente bombardeada por el ejército argentino al mando del Almirante Guillermo Brown.

El 2 de diciembre de 1828, la Colonia del Sacramento es entregada a las fuerzas Orientales por la "Convención Preliminar de la Paz".

El apoyo de los ingleses, el tráfico de esclavos y el contrabando, coloca a nuestra ciudad en una posición privilegiada pasando a ser una de las más disputadas; aquí intervinieron muchas potencias, luchando por esta "punta de piedras acompañada de siete islas".

En 1848 durante la llamada "Guerra Grande", José Garibaldi se apodera de Colonia y la Isla Martín García.

En 1848 también es asaltada por las fuerzas de Manuel Oribe (segundo presidente de la republica), que como parte de los movimientos políticos que se originan dentro del territorio de la Banda Oriental; movimientos que luego darán origen a las Divisas "Blanca y Colorada"; primeros indicios de los dos partidos políticos tradicionales en el Uruguay.

El barrio histórico en su plenitud con todo el hálito del pasado, vibra en cada piedra, en cada reja, en cada muro y en cada zaguán. Los atardeceres en el río cobran facetas de misterio, dignas de la inspiración de un poeta o pintor.

Recorriendo palmo a palmo su entorno, surge la vertiente histórica y documental que la región de San Gabriel y la Colonia del Sacramento han legado a nuestro país.

Calles angulares, angostas, pavimentadas; con piedras de cuna, con desagüe central, gruesos muros de piedra, techos de teja a dos y tres aguas, pisos de cerámica y piedra; conforman una postal inolvidable para quienes tienen el privilegio de contemplarla. Un entorno de maravilla que embruja y fascina con su magnetismo.
Descubrir Colonia es en resumen... Un verdadero encanto.

Puerta de la Ciudadela

La inquietud de desentrañar etapas históricas, logró descubrir enteras ruinas que correspondían a la muralla de la antigua fortaleza colonial. Llamada también Puerta de Campo, -hoy restaurada- esta ubicada frente a la actual plaza de 1811, y marca el lugar donde Artigas inicio su cruzada libertadora en ese mismo año. Se inauguró en 1745 en el periodo del gobernador portugués Vasconcellos. La puerta y el puente tendido sobre el foso, los pilares de piedra, el fuerte, los muros y pavimentos conforman un notable centro de interés histórico. Su puente levadizo era la única puerta de acceso que tenia Colonia. Sus bases de apoyo eran de piedra y cal, su piso de tablones fuertes unidos por gruesas vigas y una baranda. La descripción de la muralla podría resumirse así: tenía un sólido portón de piedra formado por dos pilastros fuertes y un frontón. Al ingresar por el pórtico había un corredor acodado que evitaba el cañonero hacia adentro y dos puertas contiguas, una de madera y la otra de reja, que daban una de ellas a un calabozo y la otra a la sala de guardia. Contigua a esta también estaba la sala del oficial. Un techo subdividido que caía en forma de alero de la parte interior de la muralla, formaba los cuarteles. Sus paredes eran de piedra y el techo de rejas a un agua. Sobre la contramuralla había una rampa que servia para subir las piezas de artillería en caso de ataque. Los muros eran de piedra asentada en barro con mezcla de fajina y agregado de cal para darle mayor resistencia. Todo esto poco a poco se fue reforzando y se construyeron también los bastiones quedando la ciudad defendida de los ataques por tierra firme, con una muralla que iba de costa a costa, bordeada de foso seco de treinta metros de ancho y cuatro baluartes. La muralla fue destruida por orden del Presidente Gabriel Pereira, en 1859 a causa de su disfuncionalidad, favoreciendo así el crecimiento de la ciudad. También se dice que los vecinos presentaban sus quejas aduciendo que Colonia era escenario de luchas por el simple hecho de ser la única ciudad amurallada. La piedra derribada fue utilizada para rellenar el foso que recorría el muro.

Reconstruida después por Consejo de Restauración, en ella podemos ver fácilmente cuales son sus piedras originales, destacando que el escudo que presenta, es el Escudo de Armas de Portugal, que debajo de él, tiene la siguiente inscripción: " Reinando el Rei D. Joao V N. S. Anno 1745" siendo una copia del autentico, el cual fue llevado a Buenos Aires como trofeo de guerra, quedando hasta el presente, en el Museo Histórico Nacional de la Republica Argentina. Es de destacar la excelente labor de restauración de la muralla, llevada a cabo por el Consejo Ejecutivo Honorario de las Obras de Preservación y Reconstrucción de la Antigua Colonia del Sacramento, quienes inauguraron este monumento el 12 de octubre de 1971. El Consejo, había trabajado durante mucho tiempo en búsqueda de la " Dovela", piedra que determinaría el arco inferior de la puerta de la Ciudadela. La misma fue encontrada a pocos metros de la puerta, y formaba parte del cordón de una acera que permanecía cubierta por la tierra. Fue considerado entonces el descubrimiento más valioso y decisivo al determinar la casi fidelidad del diseño de la reconstrucción de la Puerta de Campo donde la diferencia de la medida, llego apenas a un centímetro. A pesar de años de guerras y agresiones la " Nova Colonia del Sacramento: ha permanecido suspendida en el tiempo, manteniendo inteligentemente reciclados su originales edificios de arquitectura luso-hispánica. La muralla que defendía el llamado Bastión de San Miguel, lugar donde los portugueses proyectaron un puesto militar cerrando la península con una línea defensiva de murallas que iba desde la costa norte a la sur, siendo este uno de los cuatro baluartes o bastiones. Desde esa altura se aprecia toda la ciudad antigua recostada sobre el río, y en días luminosos de Buenos Aires del otro lado del Plata.

El Bastión del Carmen

Llamado desde 1869 "Barraca de Harreguy" o "Barraca Norte", estaba situado exactamente en el sector norte del recinto amurallado. Aun se mantienen en pie restos de una antigua Fabrica de Cola, levantada por un empresario llamado Juan Irigaray, quien había solicitado una autorización al gobierno nacional para extraer gelatina de pescado y realizar carbonización de huesos, secado de maíz y otros cereales por medio de estufas así como también lavaderos de lana sucias para cueros lanares y otros. El gobierno dio su respuesta favorable a este proyecto exigiéndole que los productos gaseosos fueran expulsados por medio de una chimenea de una altura mínima de 35 metros sobre el nivel del suelo. Más tarde la misma fue construida de 38 metros de altura. Dicha empresa se reforzaría con un muelle de madera y realizaría la importación de calderas a vapor y bateas industriales directamente desde Buenos Aires. Lo cierto es que poco después de otorgada la concesión, Irigaray se vio envuelto en un extenso litigio judicial con una firma Argentina, frente a lo cual, la justicia dictaminó en su contra y por ende la fabrica nunca llegó a producir. Hoy existe un teatro y centro cultural, y conserva una estructura muy clara y definida.

El Faro

En las noches serenas, cuando nos adentramos en las aguas del Plata sobre la costa, el Faro anuncia en la lejanía la existencia de la Colonia. Un aroma de leyenda templa los pétreos muros del que fuera Convento de San Francisco Xavier, donde hoy se asienta el actual Faro, construido en 1857, bajo el gobierno de Gabriel Pereira. Desde el año 1933 se halla bajo jurisdicción de la Armada Nacional. Este vigía permanente de las costas, emite un grupo de destellos rojos cada nueve segundos. Su intensidad luminosa es de 620 candelas y su funcionamiento es en base a una llama abierta de gas acetileno, con lente circular dióptrico. El alcance geográfico es de 16.8 millas, mientras que el lumínico es de 8. Su altura alcanza los 34 metros sobre el nivel del mar. Fue construido por la Sociedad Porvenir de Colonia, con fondos recaudados por un impuesto cobrado a los barcos que arribaban al puerto de Colonia y Montevideo. El Faro, enhiesta mole que albergó entre sus paredes la fe de los colonos, encalvado en pleno corazón del barrio histórico.

Convento de San Francisco Xavier

Sus restos conforman el testimonio más antiguo de la historia de Uruguay, construido entre 1683 y 1704 pertenecía a ese entonces al Convento de los Terciaros Franciscanos. Este nombre se debe a que San Francisco Xavier fue considerado por la Santa Sede "El Patrono de las Empresas Misioneras". Sus muros, fueron construidos en "opus incertum" de Gneis biotítico azul, con ladrillos intercalados formando arcos que tienen un ancho de 90 centímetros. En la parte del frente, mirando hacia la plaza se alzaba la "Capilla de la Concepción", cuyos restos fueron hallados en 1978. Amarillentos documentos de la época, señalan que la capilla subsistió integra hasta noviembre de 1793, en que un incendio la consumió totalmente, salvándose solamente algunas telas y ornamentos que fueron trasladadas a la iglesia provisional en la antigua y abandonada Capilla del Carmen y Santa Rita.

A su alrededor, como en todos conventos, existió también un cementerio de donde han sido extraídos cantidad de restos humanos. El convento, fue habitado por monjes jesuitas y por franciscanos, que se encontraban allí, para evangelizar a los indios. Muchas imágenes de este convento, permanecen actualmente en otros lugares, algunas en la Iglesia del Santísimo y otras en la Capilla de San Benito; es decir que la imagen del este santo, estuvo también en el convento.

Iglesia.

La Iglesia Matriz del Santísimo Sacramento, lleva estampados los signos testimoniales de aquel mísero " rancho con campana", que naciera por los años 1680. Exactamente el 2 de febrero de ese mismo año se levanto la primitiva iglesia hecha de paja y terrón. El 1683, cuando por el "Tratado Provisorio", la Colonia es devuelta a los portugueses, la iglesia continua siendo un rancho de adobe y paja hasta 1699, que por orden del Gobernador Sebastián de Veiga Cabral, es construida con piedra y cal. Una sensación de majestuosa serenidad invade el corazón de quien franquea su puerta de entrada rodeada de piedras semi escondidas. La iglesia fue victima de sucesivas destrucciones parciales debido a accidentes bélicos, como por ejemplo el sitio que duró dos años, bajo el mando del Gobernador Salcedo. Vasconcellos logra restaurarla en forma de cruz latina, con la nave en el área del presbiterio más estrecha, techo de tejas y dos torres.

Cuando Pedro de Cevallos sitia la Colonia ordena nuevas obras de restauración. En 1777 por los bombardeos del sitio otra vez queda muy arruinada y la Capilla de la Orden Tercera de San Francisco, pasa a ser utilizada como templo parroquial. Pero esta sufre un incendio y Colonia queda sin templo, utilizándose así una Capilla llamada de Santa Rita. En 1810 se inaugura un nuevo templo, pero en 1823, la caída de un rayo arrasa con la sacristía, destruyendo el altar mayor y deteriorando en partes su estructura. La explosión fue ocasionada por un polvorín portugués que se encontraba debajo de la sacristía, con municiones que habían sido allí guardadas en la época de la Dominación Cisplatina, derribando así los trabajos de reconstrucción realizados por el eminente arquitecto español Don Tomas Toribio.

Sus últimos muros restaurados datan del año 1841 y en 1976 se reconstruyeron las partes dañadas dejándose a la vista todo lo que es original. En su interior se encuentran dos tumbas; una de ellas es la del Vicario Domingo Rama y la otra la del Padre Barredo, quien ejerció sus hábitos allí durante cuarenta años. La pared del altar estuvo recubierta en mármol, y al ser derribada en una de sus restauraciones se descubre que medio metro más atrás estaba la pared autentica. El cáliz de hierro fundido sobre dorado, -ubicado ahora sobre el altar-, fue estandarte en la fachada exterior de la iglesia en el año 1841. Conserva aún una pila bautismal que perteneciera a una de las primeras capillas, allá por el año 1700, un altar español de madera, así como un crucifijo tallado por los indios de las misiones jesuíticas, la figura de San Francisco de Asís, junto con un trono del sigo XIX y un sagrario misionero luso-brasileño de jacarandá, que engalanan el templo delicadamente.

En la pared lateral se pueden apreciar los distintos estilos de construcción; diferenciándose las paredes de piedra de estilo portugués, de las de ladrillo estilo español. La iglesia Matriz del Santísimo Sacramento es la iglesia más antigua del Uruguay a pesar de todas las modificaciones sufridas. A su alrededor se encontraban un cementerio y en épocas de la restauración, se extrajeron cantidades de restos.

En excavaciones realizadas recientemente, aparecen en el costado izquierdo del templo, ruinas de los cimientos de lo que fuera "La Casa de los Gobernadores", las que junto a la iglesia eran los edificios principales de la ciudad. Las sucesivas restauraciones permitieron arribar a la magnifica realidad de hoy; en que el templo se muestra en toda su grandeza, mezclada de espiritualidad destacando su definida estilística.

Calle de los Suspiros

En este puñado de recuerdos, de callejuelas angostas y tejas descoloridas, adornadas de manchados balcones con musgo, aún corretean los viejos y olvidados duendes del Sacramento.

Como si fuera la Bella Durmiente embalsamada, nuestra característica calleja de piedra de los siglos XVI y XVII - antes Calle de Ansina-; romántica y atesorada; hoy es la conocida "Calle de Los Suspiros".

Conserva intactas las características originales de la fundación. Es la primera calle paralela a la muralla. Totalmente empedrada, con un canalón hacia el centro, llamado antiguamente "arroyo" el cumplía la función de desagüe que caracteriza el periodo predominante, sin veredas, en forma de calle de cuna, bordeada de casas portuguesas y algunas de construcción española. Cada edificación fue asentada directamente sobre la roca que se encuentra a flor de tierra. Los muros a pesar de estar asentados en barro, fueron construidos por artesanos que realizaron un perfecto acuñamiento de las piedras, no permitiendo el desgaste de sus uniones por la caída del agua.

Su nombre deriva de su posición y circunstancias de una época. Algunos dicen que allí habitaban mujeres de vida fácil. Por estar cerca de los cuarteles era sitio de antiguos boliches y tabernas y se dice también que por allí pasaban los presos condenados a muerte antes de ser fusilados junto al río. Pero existen sospechas sobre el segundo dato debido a que en Colonia se presume que no hubo condenados a muerte, pues quien moría, lo hacia en batalla y quien perdía una batalla, era remitido prisionero. Otros dicen que dada la posición de la calle, (perpendicular al rió y en pendiente), al soplar los vientos del SW, los silbos parecen "suspiros".

Encontramos casas portuguesas y españolas, diferenciando a las portuguesas por sus techos a dos o más aguas, con ventanas enrejadas de barrote cuadrado con aristas y un arabesco al centro; y las españolas, con techo de azotea y el enrejado de las ventanas de barrote redondeo y totalmente lisas. El revoque era de barro y los colores principales eran rosado y amarillo, extraído de raíces de plantas. Esta antigua callejuela rodeada de casa rosadas con techo de tiranteria, cañas aseguradas con tiento y adobe, y techos de enmohecidas tejas, son el objetivo ideal en la fotografía de cada visitante, engalanada con la armonía de su edificación y la presencia del río al final del empedrado.

Real de San Carlos

En 1760 cuando Pedro de Cevallos inicia el sitio militar, hecho que culminaría dos años más tarde, se instala este lugar al que llamó Real de San Carlos. La fundación del paraje se concreto en 1761. Se le dio el nombre de "San Carlos" por: "San" debido a que las tropas eran muy afectadas a la religión católica y "Carlos" en honor al Rey Carlos III de Borbón, ya que eran las tierras del Rey.

Debido a la estratégica posición geográfica que este lugar mantenía, servia como punto de apoyo a la artillería, ya que los españoles sólo podían desembarcar allí, debido a la profundidad del río. En este paraje se mandó a construir un hospital militar y una iglesia. Las tropas españolas nunca emprendían una conquista sin tener consigo un Sacerdote, el cual cumplía roles de párroco, maestro de escuela, médico y enfermero cuando era necesario. Se supone que el hospital y el convento formaban un solo edificio, así como el cementerio se ubicaba alrededor de la capilla. Cevallos, pensando que debía conservar el espíritu cristiano de los españoles, mandó a sus soldados e indios a construir una iglesia.

Utilizando barro, piedra y ladrillo de adobe, se alzó el templo que tenia como amplitud veintidós metros de largo por ocho de ancho las paredes de ochenta centímetros de espesor. Para concluir, se utilizó la teja española apoyada en mojines de árbol de madera dura y cañas tacuaras quinchadas unidas por tejidos de correas de cuero. Se le llamó "Capilla de San Carlos" y luego "De San Benito". Fue inaugurada en 1761 y el primer bautismo allí realizado, data del 20 de agosto de este mismo año. San Benito de Palermo más conocido como El Santo Negro, nació en una aldea llamada San Filadelfo, perteneciente al Obispado de Messana, Sicilia, era hijo de padres moros pero que profesaban la religión católica.

El hábito de color marrón se debe a que era discípulo de San Francisco de Asís. No se sabe con precisión los orígenes de dicha imagen que aún hasta nuestros días corona el altar de la iglesia. Existen diversas teorías: una de ellas cuenta que una mañana de invierno los indios vieron flotar sobre las olas del Plata, un bulto que podría ser el mascaron de proa de una embarcación pero que en efecto, era la estatua del San Benito, que pudo haber sido el santo protector de la misma. Una segunda, es que una morena llamada Rita González, al donar los terrenos que limitan con la capilla propone que el santo patrono sea San Benito de Palermo, en honor a su raza, y que ella misma ordena la adquisición de la estatua.

Otra tradición narra que basándose en un tronco de árbol, los indios de las misiones dieron forma a dicha imagen, tallándola en lo que pudo ser el mascaron de proa de una nave. San Benito había sido un santo de la orden de San Francisco y su devoción habíase generado por toda América presentándoselo especialmente a los indígenas como un santo "modelo". Le decían el santo de los milagros, tal como narran viejos documentos en épocas de sequías, la imagen era trasladada hasta la ciudad en una procesión organizada por el párroco como ritual de llamado a la lluvia, y cuentan también que en algunos casos se le llegaban a enterrar para alcanzar este fin.

Según data en los archivos de la Dirección General de Catastro de la ciudad de Colonia, en una finca ubicada no muy lejos de la capilla, se encuentra el registro de un pequeño terreno de un metro por un metro, llamado "sepulcro de San Benito", propiedad de la iglesia parroquial, donde supuestamente pudo ser enterrado el santo. Muchos fueron los milagros que San Benito derramó sobre la población. Se cuenta también que fueron curados muchos enfermos luego de intervenir en la procesión por la lluvia. Muchos fueron los heridos de guerra que, encomendados al santo, superaron su incapacidad.

En 1843 la escuadra de Oribe se apoderó de él, depositándolo en la iglesia del Rosario del Colla. El Comandante Anacleto Medina, ordenó el rescate del santo negro. Fue así, que colocándolo en una carreta tirada por bueyes y escoltado por la tropa, el santo milagroso emprendió su regreso a Colonia. Durante la Guerra Grande, la capilla fue despojada de todas las alhajas, ornamentos y vasos sagrados, que habían sido ofrendados por personas creyentes en señal de reconocimiento por las gracias concedidas. También las campanas fueron retiradas en el año 1848, época en que ejercía el mando el General Lucas Moreno. En 1905 los vecinos del lugar consiguieron recursos para reformarla, renovándose totalmente el techo y cambiando así la originalidad de su estilo.

Real de San Carlos, Complejo Turístico

Corría el año 1908 cuando un capitalista argentino, Don Nicolás Mihanovich, solicita la concesión del Real de San Carlos con el fin de construir allí un complejo turístico o lugar de recreo para la explotación del turismo. La concesión le fue otorgada el 3 de junio de ese mismo año. Comprendía la construcción de una gran Plaza de Toros, un Frontón de pelota de mano, Hotel Casino, Usina Eléctrica, y un Muelle para el atracadero de barcos con un balneario aprovechando las características del lugar.

Se construyó así un muelle con dos brazos paralelos, con rieles por donde circulaban pequeños vagoncitos que transportaban a los pasajeros desde el muelle hasta la Plaza de Toros y el hotel, y por el otro brazo, el equipaje. Esta sociedad anónima había hecho un contrato con el gobierno por 25 años para explotar esta zona turística y a cambio debían abastecer de energía eléctrica a toda la ciudad. Pero el gobierno argentino puso un impuesto para las personas que viajaban a ciudades que tenían Casino. El Casino del Real de San Carlos, había empezado a funcionar luego de prohibidas las corridas de toros.

Narra la historia que en este lugar estuvieron reunidas Alfonsina Storni, Gabriela Mistral y Juana de Ibarbourou, en lo que se llamó "el encuentro de las poetisas de América". Es decir que el complejo funciono hasta 1917 y fue devuelto al Estado antes del plazo pactado. El Frontón Euskaro, inaugurado en 1910, es la cancha más grande de Sudamérica contando con un largo de 74 metros por 21 de ancho. Es un frontón abierto que conserva su estilo original y fue restaurado en 1974 cuando Uruguay fue sede del Campeonato Mundial de Pelota Vasca, modalidad Cesta Punta, siendo España el ganador del original evento.

Plaza de Toros

Remontándose al año 1908, cuando comenzaba a alzarse la majestuosa Plaza de Toros, viejas crónicas nos permiten reconstruir su calida e intimista historia. Amarillentos textos nos traen el embrujo de aquellas tardes de la primera década del siglo, imantadas por los trajes de luces y el paso de los gallardos toreros. Ricardo Torres (Bombita), su hermano Miguel Torres (Bombita Chico) y el Rejoneador Mogador de Cobas, todos de origen español, asombraron al público con sus galas y sus pases en este nuevo espectáculo para el público uruguayo.

La primera corrida fue el 9 de enero de 1910 y los toros fueron traídos de España. Vale la pena resaltar que este hecho fue presenciado también por público argentino, el que quedó totalmente exaltado por el esplendor del espectáculo. La fiesta taurina se realizó por segunda vez un mes después, resultando ser uno de los acontecimientos de excepcional resonancia. Cuando accedemos a la monumental construcción deteriorada por el tiempo parece que cobrara alas la imaginación y volvieran a escucharse los tambores, cornetes y gritos entusiastas de la multitud.

El redondel tiene un diámetro de cincuenta metros, rodeado de dos series de gradas y una fila de palcos, (con capacidad para ocho mil espectadores), y una galería de diecinueve metros de ancho; donde se encontraban la Capilla con la Virgen del Carmen, las salas de juego y el restaurante. Todo esto descansa sobre una gran armazón de hierro que fue traída de Inglaterra y tiene características similares a las estaciones ferroviarias inglesas. El bloque de hormigón utilizado fue fabricado con material de nuestra zona. La entrada principal, conducía directo por la escalera al Palco Oficial y debajo de este se ubicaba la Banda. La entrada opuesta era el acceso de los toros.

Su estilo "morisco español", alcanzo su cumbre en la armonía de las proporciones y los espacios, pero el pasar de los años fue borrando una realidad que yace entre vestigios de yuyos y herrumbre. Donde la multitud de daba cita, hoy todo es historia y los fantasmas de las tardes de esplendor se encuentran en el inmenso anfiteatro rememorando esta gran fiesta taurina. En total las corridas fueron ocho, la ultima se realizó el 27 de marzo de 1910 cuando por decreto del gobierno de "José Batlle y Ordóñez" se prohíbe este sangriento espectáculo. Se dice también que fue escenario donde canto Carlos Gardel. Casi un siglo después de su inauguración las gradas de la plaza conservan aun su espíritu transmitiendo por sucesivas generaciones de asombrados contempladores del pasado.

Los Bastiones

Un Bastión o Baluarte es un punto estratégico en una fortaleza que permite un buen campo de visión y custodia. Hacia 1723 se construyó en la punta sur-este de la península un pequeño bastión hecho con muros de piedra y cal, reforzándolo con piedra de ripio asentada en barro. Nos referimos al bastión De San Pedro de Alcántara, el cual estaba armado con ocho cañones y tenia una capilla dedicada a Santo Patrono, una garita y un viejo molino de viento.

En 1726 se levantó el Bastión de Santa Rita, reforzado con una cortina de muralla de piedra y cal, que cortaba la antigua Plaza del Colegio y unía ambos bastiones.
Es decir, que la muralla pasa a ser un frente abaluartado, construida por dos medios baluartes en el centro y otro más grande en cada uno de sus extremos.

El Baluarte de San Miguel es el que esta en la costa sur. En él, la artillería era colocada al descubierto sobre el terraplén dirigiéndola hacia donde fuera necesario. Su forma es casi cuadrada y sus cimientos están construidos con las mismas rocas de la costa.
Donde hoy se encuentra la Plazoleta del Bastión de la Bandera, se levantaba el medio baluarte llamado "De San Antonio". Su nombre deriva (del que así se llamó) Santo Patrono de las fuerzas portuguesas y en ese mismo lugar se encontraban el mástil donde flameo el pabellón portugués. Parte de sus muros, constituían los fondos de los cuarteles y mediante una rampa se podían acceder desde la Plaza de Armas hasta el terraplén del bastión. El otro medio baluarte llamado "De San Juan", estaría ubicado detrás de la Iglesia Matriz, del que no se han encontrado restos. Tendría características similares al anterior pero con dos rampas en vez de una y como todos los baluartes varias troneras por donde disparaban los cañones.

El baluarte "Del Carmen" era de planta romboidal con dos garitas. Su cara oeste era un muro de piedra y ripio donde había un pórtico que daba al muelle o embarcadero. En el perfil norte había un pequeño baluarte llamado "Del Tambor".

Los museos

Museo Portugués:

Una de las reliquias genuinas de la antigua Colonia, es la "Casa de Ríos", actualmente ocupada por el museo portugués. Es el recinto ideal como aposento para el museo y una parte de su construcción data de los años 1717 mientras que la otra de 1722. Estupendo exponente de la arquitectura portuguesa, construida en dos niveles aprovechando la caída natural del terreno, con comunicaciones a dos calles; la entrada principal esta ubicada frente a la Plaza Mayor y la otra frente a la calle de San Pedro de Alcántara. Fue donada al estado por Exilda Criado Pérez, habiendo pertenecido a su hermana Teresa.

Esta y otra casa, son las dos únicas propiedades con techo a cuatro aguas de estilo portugués. La sala de entrada tiene también el cielorraso a cuatro aguas magnificado en madera artesanada. Este conjunto de reliquias facilita la reconstrucción de aquel periodo militar que dejó ricos trazos de cultura popular desde la fundación de la Colonia hasta nuestros días.

Conserva los pisos originales, así como la mayor parte de sus paredes construidas con tabiques triangulados en madera y rellenos de teja partida, fragmentos de tierra y barro. Los techos son de teja y adobe y están restaurados con fidelidad obteniéndose magníficos resultados.

El mobiliario es una importante donación del gobierno de Portugal. La majestuosa casona concita el interés de los visitantes, trasmitiendo un profundo equilibrio y una acentuada expresión de vida. La llamada Sala de Reyes imanta con sus mayólicas perfectamente realzadas con trabajos de ambientación. Azulejos de Sant'Ana de Lisboa, representando a los monarcas portugueses que reinaron, estallan a la vista de los visitantes. Todo en esta casa resume historia; la Sala de los Gobernadores, con sus estandartes y azulejos, los uniformes del Regimiento de Dragones de 1772, una valiosa serie de armas de fabricación inglesa que utilizaron las fuerzas portuguesas en las guerras por la tenencia de la Colonia, estandartes de guerra, miniaturas de bronce y escudos policromados, piezas de cerámica populares; en fin... allí la cita con la historia, entre esta sobria y elegante decoración, es ineludible.

Museo Del Periodo Histórico Español

En el cruce de las calles de San José y de España encontramos la que fuera casa de Don Juan de Águila, luego donde se hospedo Bartolomé Mitre y que actualmente ocupa el Museo Español. En esta construcción portuguesa del año 1720, nuestra imaginación vuela y revive un pasado de grandeza. En su planta baja lucen cerámicas de Castilla, de Zamora y de Galicia, representando las provincias españolas que vinieron a poblar la Colonia. Junto a trajes regionales donde resaltan la armonía de faldas rojas y corsetes negros, trajes típicos de León, de Segovia, de Asturias y de Galicia, se encuentra un uniforme del Regimiento de Infantería de Córdoba.

Deslumbrantes mayólicas con escudos provinciales y un gran óleo del primer Virrey del Río de la Plata, Pedro de Cevallos, nos trasmiten la nostalgia de legendarias facetas de la Colonia. Entre mapas, diseños y varios factores que llaman a la historia se encuentra una bandera enmarcada perteneciente al Regimiento Español de Fijos de Montevideo de la época de las Invasiones Inglesas de 1807. La misma había sido depositada en el Convento de los Frailes Mercedarios de Buenos Aires, por un guerrero que logró salvarla en una batalla del Río de la Plata. Cuando se restauró la casa se encontró entre la viga y el entablado, un billete de 50 pesos, del Banco Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, fechado en 1827.

Permanecen allí documentos originales como Tratados entre el Virrey Cevallos y el Rey de España Carlos III, el Tratado de San Ildefonso y la descripción histórica de los momentos vividos por Colonia. La aristocrática construcción del siglo XVII, posee una perfecta entonación; presenta aberturas cuyos dinteles son de piedra de talla monolítica, el muro es de piedra de 90 centímetros de espesor, el entrepiso original de madera dura, su techo es de característico estilo portugués, construido en madera dura traída de Paraguay, -Quebracho o Canela-, con forma piramidal adornado con tejas. La escalera y el tabique interno son originales, así como los son las puertas y los marcos que aparecen sin pintar.

Se inauguró como Museo el 29 de agosto de 1976, y en el año 1992 se agregó la finca lindera de construcción italiana, de alrededor del 1840, conservando la arcada original. Al fondo se aprecian las caballerizas del año 1720. Una penumbra nos rodea y nos identifica con esta magnifica técnica museística reconstruida y atendida en sus más ínfimos detalles.

Museo Municipal

Bajo mandos portugueses era una de las llamadas "Casa Dos Secretarios", junto a la Casa del Virrey, (estos secretarios eran las autoridades civiles de la Colonia).

Hoy es denominada Casa del Almirante Brown y allí funciona el Museo Municipal. Este nombre se debe a que nuestro gobierno se la entrega como recompensa a Brown, por medio de un documento del 17 de octubre de 1833, en honor a la labor presentada junto a Artigas en la Campana Libertadora Oriental. Esta histórica casa había pertenecido al Gobernador de Colonia, Don Francisco Albin, comandante del Partido de las Víboras y del Espinillo, a quien le había sido adjudicada en 1793 por el Virrey español Nicolás de Arredondo. Esta ubicada frente a la "Plaza Mayor", y hasta el año 1831 vivió doña Josefa Lucia Abin de las Casas. "Viviendas de Azotea" era el nombre con que apodaban a la parte superior o piso alto. Las habitaciones inferiores eran llamadas "Sobrados de Abajo".

La fachada tiene en los extremos dos pilastras de talla de piedra arenisca y la planta consta de amplios salones, limitados con muros portugueses de 80 centímetros de espesor. La planta alta tiene una terraza donde desciende una escalera en ángulo, con escalones monolíticos de granito gris. Los techos, la azotea los pisos están hechos de baldosas cocidas y el entrepiso de madera dura.

El museo fue inaugurado el 25 de agosto de 1951. Allí se encuentran reliquias de inestimable valor las que demuestran el grado de cultura alcanzado por nuestros indígenas. Entre los materiales conservados se destacan morteros, alfarería, boleadoras, puntas de flecha, rompe cabezas; contando además con trabajos pertenecientes a indios del norte argentino y de México.

Muestras de animales que conformaban el hábitat del indígena; cerámicas, una sección paleontológica y una selecta exposición de armamento de los militares de nuestro pasado, son unos de los atractivos más fuertes del museo.

También allí, están los primeros programas de las corridas realizadas en la monumental Plaza de Toros del Real de San Carlos. El museo en sí no tiene un objetivo principal definido, ya que en él, además de las innumerables muestras que destacamos, aparece una colección de pájaros embalsamados, otra de vinchucas y mariposas; sin dejar de lado los mapas y opulentos abanicos de la época.

En la sala paleontológica, existe una coraza de Gliptodonte y un esqueleto de Lestodonte encontrados en la zona. Su interior es sugestivo y embellecido por una fina decoración. La visita al Museo Municipal se torna impredecible, pues nos llama a encontrarnos con huellas de un pasado imborrable de este rincón rioplatense.

Museo del Azulejo

Donde se unen el Paseo de San Gabriel y la Calle de Las Misiones de los Tapes, yacen las ruinas de un rancho portugués con más de trescientos años de vida en el cual el tiempo ha ido desgastando sus formas y sus enmohecidas tejas. Una impresionante colección privada de azulejos, se encuentra allí, donde se destacan los primeros hechos en el Uruguay en el año 1840, junto con otros de origen francés y catalán.

El mismo fue inaugurado en 1988. Conserva un tirante original y también parte de los pisos y paredes. Su restauración fue una inversión cultural realizada por el Citibank, la que ha construido a una perfecta fusión entre la masa arquitectónica y la naturaleza, confiriéndole una particular armonía a su fachada.

En el corazón del Real de San Carlos, se encuentra ubicado el llamado "Museo Paleontológico", luego donde podemos remontarnos atrás en miles de años hacia la prehistoria. Aquí se exhiben restos de distintas especies encontrados en lugares que distan de nuestra Colonia, no más de diez kilómetros.

Durante dos millones de años, en el territorio uruguayo vivieron grandes animales como los Gliptodontes, animales que tenían corazas de hueso poroso divididas en pequeñas placas, con su cabeza y su cola también acorazadas o anilladas según la especia. Sólo la cola mide un metro de largo lo que hace deducir el impresionante tamaño de este ejemplar. Además de las cinco corazas de Gliptodontes que se exponen allí, hay muestras de otras especies como lo son el Panochtus y el Chlamydotherium.

Han sido encontrados restos de otras especies como por ejemplo media coracita de un armadillo Dasipodido y medio estuche caudal de un Prodaedicurus, de más de dos millones de años de antigüedad. Entre los restos exhibidos, hay una serie de mandíbulas y molares sueltos de diferentes animales extinguidos, como también varios cráneos de tamaño mediano. Se puede apreciar un estante con fémures y huesos de Magatherio y de Lestodonte (el Magatherio fue el mamífero más grande del mundo) así como una gran variedad de invertebrados fósiles y una pelvis completa del Glossotherio. También hay diversas muestras de minerales y piezas de arqueología de los indígenas. Esta colección privada, fue donada por su propietario a la Intendencia Municipal de Colonia y fue inaugurado como museo en el año 1976.

La población indígena en el Río de la Plata, se destacaba por vivir en tribus independientes entre sí, y su forma de vida era nómada. Vivian de la caza y de la pesca, así como de la recolección de frutas silvestres. Si bien no crearon un sistema de escritura, fueron buenos artesanos. El hueso, la piedra y el barro eran los materiales que trabajaban y de ello hacían sus armas y demás utensilios, los cuales consistían en morteros, boleadoras, cuchillos y ollas de barro cocido.

Para la caza utilizaban la lanza, el arco y la flecha, las boleadoras y los rompecabezas.
Fueron llamados indios "Charruas". Su vestimenta se basaba en una chiripa y los adornos eran caparazones de moluscos, plumas y huesos.

Creían en la vida de ultratumba si bien no tenían una clara creencia religiosa. Tampoco era claro ni su idioma ni su música.

En 1988 fue inaugurado este museo exhibiendo materiales encontrados en la zona. Esta valiosa colección privada fue donada a la Intendencia Municipal de Colonia y actualmente está custodiada por su propio creador.

Archivo Regional

Calle Misiones de los Tapes No. 115; lugar donde yace una autentica y señorial casona de estilo portugués del año 1750. Allí se esconde la esencia misma de la historia, allí, en lo que se denomino "Casa de Palacios", hoy totalmente restaurada y recuperada. Encontramos depositados los originales de las cartas del Gobernador Vasconcellos del año 1735, el Misal de la Capilla de Narbona, acuarelas y litografías del año 1839, y demás documentos que se destacan como una verdadera joya. En cuanto a la construcción los dinteles de las puertas y ventanas así como la tiranteria, son originales. Encontramos también una hornacina, donde estaba ubicado el Santo Patrono de la casa.

Los documentos originales del 1720 en adelante se encuentran como muestras en grandes vitrinas. Colgado en uno de sus muros encontramos una copia del Escudo Capital que representa las luchas entre Portugal y España. El mismo tiene un sol, el de la revolución de mayo; el Ave Fénix, resurgiendo de las llamas; once estrellas dispuestas en arcos representando las ciudades del departamento; la torre -común a los escudos de España y Portugal- que tiene a un lado el lobo y en el otro el león.

La división de los cuarteles superiores e inferiores, representa el Río de la Plata, en el cual se asienta el perfil de la ciudadela histórica. Bordeándolo aparece la famosa frase de Virgilio: "Con el espíritu sacaremos el fuego oculto en el alma de la piedra", lema de la Comisión Honoraria de Restauración. Como reliquia original, nos muestra lo que se usa como "Sala de Lectura", tanto sus puertas como paredes son auténticas.

Entre la importante documentación que allí se alberga, destacamos un archivo policial del departamento, que abarca desde el año 1876 al 1898.

El mobiliario fue donado por el Gobierno Portugués y corresponde a replicas de la época.

Casa de Lavalleja

Testimonios orales que han sido trasmitidos de generación en generación atestiguan que en esta antigua edificación ubicada exactamente frente al Faro, vivió el General Lavalleja (segundo al mando del ejercito antigüista). Si bien no existe documentación oficial que asegure este hecho, cuenta la historia que cuando por disposición del General Artigas, el Brigadier General Juan Antonio Lavalleja fuera comandante de la Colonia, habría residido en esta relevante propiedad durante un año. La misma fue adquirida por el Ministerio de Educación y Cultura, y con aportes de la Comisión Nacional de Homenaje del Sesquicentenario de los Hechos Históricos de 1825, fue restaurada por la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Trasporte y Obras Publicas del Uruguay. Conserva como única sala típicamente portuguesa, destinada al Museo Naval "Juan Antonio Lavalleja". Actualmente es sede del Servicio de Iluminación y Balizamiento perteneciente a la Armada Nacional.

Casa de Nacarello

Llamada también "Casa Rosada", construcción portuguesa del siglo XVIII, emplazada exactamente junto al Museo Municipal, donde se muestra -con una sensibilidad refinada-, como vivía una familia tipo en el año 1750. Fue expropiada poco tiempo atrás y reciclada fielmente. Sus paredes de piedra y su techo con entramado de madera fueron las partes más corroídas por el pasar del tiempo. Nacarello, es el nombre del propietario de la casa más antigua que se conoce. La Casa de Nacarello fue abierta al público en 1994, y es un monumento que engalana este barrio repleto de relevantes testimonios históricos.

Casa del Virrey

La "Casa del Virrey" esta ubicada en el cruce de las calles Del Comercio y De las Misiones de los Tapes, lindera al Museo Municipal. Si bien en Colonia no hubo virreyes, esta pequeña ciudad era el pasado obligado de quienes atravesaban las márgenes del Plata y no hay duda de que en esta majestuosa casa de arcos de piedra, se alojaron en muchas oportunidades muchos de ellos.

Su nombre se debe a que el penúltimo Virrey del Río de la Plata, -y ultimo de Buenos Aires- Baltasar Hidalgo de Cisneros, tomó posesión del mando de manos de Santiago de Liniers, precisamente en esta casa, en julio de 1809. Aquí vivió casi un mes y desde este lugar dictó sus disposiciones de gobierno. Debido a la rivalidad política existente entre Montevideo y Buenos Aires, se decidió elegir un lugar neutro para el cambio de mando, y ese lugar fue Colonia. Una placa de azulejería colocada en el lugar documenta esta hecho. No se realizó su restauración por carecer de documentación fiel para poder realizarla. Sus anchos muros, trasmiten una infinita poesía que se conjuga entre sus piedras de gneis biotitico azul y rojizo oscuro.

Fuente: La Colonia del Sacramento - Alejandra Carro Ale
ISBN 9974 7539-0-2
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